04 marzo 2012

EVA




Seduciendo al inconstante verbo
desprecio tu prejuicio con alevosía.

Zozobro en el ostracismo de mi autenticidad
culpable de cada una de nuestras diferencias.

¡Cuánto ha cambiado la poesía!
¡Y con ella el mundo!

Me declaro inocente de mutar la palabra.
Meramente soy una estricta testigo de la conformidad,
arrastrada por un halo de ególatra e inapropiada torpeza.

¡Esta vez quiero quemarme a gusto en el infierno!
Mi boca, no exenta de pecado lanza al aire
la primera piedra.

Ya me acostumbré
a perecer en la valerosa hoguera.

Me extingo para volver a nacer
en la desconocida piel de mi dama,
mi hermosa Eva… ingenua.

Bendita tentación toda ella transparente de agua.
Bienaventurada en su veneno de espinas...
Consagrada rosa negra.

El sabor de su cuerpo
en mis comisuras no dejan besos
de despedida…
Embocadura si acaso
por donde trepa un inesperado carácter autóctono
en las riberas elocuentes de mi cintura cómplice.

La pasión se pavonea impune alejando el deseo
mientras esta nota furtiva me sugiere
que olvide el aroma de una flor 
que no supe dar a tus ojos.

No pretendo que me hagas el amor
o como se llame esta soberbia
que me abrasa en las mismas puertas
del ya conocido averno.

Me recreo en el espejo gozándote…
Un  perfecto ángulo recto de palabras
que navegan libres mar adentro
desdeñando la prisión de falsos juicios
e hipócritas sentencias que cabalgan a lomos de Ulises.

Mi particular jurado popular...
Tan correcta es tu marca que quizás,
sólo quizás, al final tropieces con la merecida justicia
en tu indolente injusticia eterna.

Afortunadamente el veredicto final
no está en las manos de dioses descafeinados
que de vez en cuando se disfrazan.

Afortunadamente mi consciencia
no visita los exquisitos hilos de oro
interesadamente arraigados 
al borde de tu amada sotana.

Mi humilde toga es distinta.
Está hecha de tela del pueblo.
De libertad alejada de la cobardía caballera
oriunda de Castilla.

¡Cuánto ha cambiado el mundo!
¡Nuestro mundo!
¡Y con él mi amada poesía!

Hoy soy copartícipe frustrada de mi osado
atrevimiento porque mi Eva suplicó vendetta.


03 marzo 2012

Itaca


El telón calló.

Aplomo. 
Cortesía galante de una estirpe nueva,
idolatrado pirata, sin dignidad,
pero con clase.

Reputado Ulises sin honor ni casta.

La prosista suspendió en un momento crucial
y no hay aplausos. Pero siempre hay momentos
para un instante de teatro…

 -¿Adónde ibas?- aquiescencia de la copista.

- A merced del Viento, tras la leyenda
de los hombres buenos.-

Tragicómico final. 
La traición es el golpe que no esperas.


Cerrado el telón
la comedia se abre: 


Una imagen estereotipada irrumpe en la sala. Una elegante corbata violeta presume de su castillo con vistas al Imperio.

Impecable la camisa blanca, ideal para encubrir la cobardía de un distintivo huérfano de experiencias.

Hay un retrato magnífico al fondo, desde su prisión de cristal una rosa negra observa con calma las gotas de lluvia, único signo de vida en un escenario de edificios donde el ajedrez desmantela a los peones. 

Colegas extraños con solapas repletas de juicios morales. Trajes de domingo al sol robando el  sudor de otros.

-         ¡OH Dios! - es una actriz magnífica.- ¡Mándame pan y agua para las gentes...! ¡No necesito más lobos! -


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